
Aunque tendemos a repetir determinadas frases y expresiones, siempre podemos combinar y recombinar las palabras que conocemos para generar frases diferentes con significados y matices ligeramente diferentes.
Uno de los mejores ejemplos de la flexibilidad creativa del lenguaje orales el hecho de que, a menudo, no hablamos de manera literal sino utilizando metáforas. Una metáfora consiste en utilizar una palabra o una expresión que indica literalmente una cosa para mostrar otra con la que tiene una cierta semejanza, a veces con contrastes sorprendentes.

Las metáforas
Las metáforas nos ayudan a transmitir ideas a menudo abstractas convirtiéndolas en imágenes vividas. Esto facilita que podamos expresar, entender e interiorizar conceptos de manera más efectiva y, de paso, también creativa. Desde el punto de vista cerebral, el resultado de esta combinación es impresionante y demuestra la relación íntima que hay entre la creatividad, el pensamiento y la corporalidad.
Cuando decimos o escuchamos una metáfora, como por ejemplo que alguien “tiene el corazón de piedra” no sólo se activan las zonas del cerebro implicadas en el lenguaje y la creatividad, sino también otras implicadas en generare interpretar sensaciones táctiles.
De manera general, cuando tenemos cualquier tipo de pensamiento creativo, se activan, entre otras zonas del cerebro, la corteza prefrontal y parietal, el lóbulo temporal, el estriado y la red neronal por defecto.

Por ejemplo, decir o escuchar que alguien tiene “el corazón de piedra” hace que también se activen zonas implicadas en generar e interpretar sensaciones táctiles, como la corteza somatosensorial. Y también se activan, lógicamente, las implicadas en el lenguaje. En cambio, si nos dicen directamente que alguien es insensible o que no tiene sentimientos ni compasión, que es el significado que damos a “tener el corazón de piedra”, esta zona somatosensorial no se activa. La metáfora genera, dentro del cerebro una imagen mucho más viva, corporal y de corporeidad, del concepto que estamos transmitiendo.

De manera similar, si decimos que alguien “ha pasado a mejor vida”, por no decir de manera brusca que ha fallecido, entonces, a parte de las áreas implicadas en el lenguaje y en la creatividad, también se activa la corteza motora, que es la que nos permite generar y gestionar movimientos voluntarios. Pero no se activa la somatosensorial. Hablar de una piedra (tener el corazón de pierdra) nos evoca sensaciones táctiles, y hablar de una acción (pasar a mejor vida) nos sugiere movimiento. En cualquier caso, las metáforas no sólo son creativas en sí mismas sino que también activan experiencias corporales.
Tenemos muchas zonas del cerebro que se activan exactamente de la misma manera cuando tenemos experiencias literales que cuando son simbólicas.

Se ha visto que el cíngulo cerebral anterior, que se encarga de regular algunas funciones corporales automáticas como la presión sanguínea y el ritmo cardíaco, pero que también interviene en la inhibición verbal, la anticipación de recompensas, la toma de decisiones y las emociones, procesa de la misma manera el dolor físico y el psicológico. Se activa de forma similar cuando nos pinchamos con una aguja, hecho que produce dolor físico, que cuando perdemos un ser querido, que es una fuente de dolor psíquico. Evolutivamente, nuestro cerebro trata prácticamente de la misma manera los aspectos literales que los simbólicos.
El cerebro recuérdalo que le ha emocionado, las emociones son cruciales para aprender y usar las informaciones con más eficacia
Fuente: David Bueno
Imagen: Jim Warren
Ona Daurada
Núria Batlle
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