
La persona se relaciona con el mundo, piensa, habla, se comunica o simplemente mantiene un dialogo interno; de este estado primario accede a un conjunto de pensamientos y sentimientos que explican lo que está pensando en términos de “otra cosa”. Este segundo paso lo explica y le da sentido dependiendo del estado sensorial, emocional e intelectual de la persona.
Generalmente pensamos que la metáfora es secundaria en el proceso del lenguaje, con respecto al lenguaje literal que consideramos fundamental. Sin embargo algunos lingüistas, como George Lakoff, consideran que en realidad es al revés. Nuestro lenguaje fundamental es el metafórico.

Un niño vive en un mundo de historias y metáforas mucho antes de aprender la literalidad.
La metáfora es un lenguaje más profundo, más básico, es el lenguaje de nuestro corazón y de nuestra alma.
Cuando metaforizamos invocamos a una comprensión, la metáfora evoca una estructura profunda de pensamiento, que a su vez afecta a nuestro cuerpo y a su economía energética vital.
La mente humana está diseñada para escuchar historias, comprendemos el mundo completando lo que percibimos del exterior con nuestras referencias internas. Disponemos de un mecanismo que contrasta las evidencias externas que el mundo nos ofrece con las referencias internas o conocimientos que ya tenemos del mismo.
Probablemente el instinto de conservación nos lleva a saber si lo que viene de fuera es conocido o desconocido, amigable o amenazante.

La metáfora y la PNL (Programación Neurolingüistica)
En la cultura de Papúa Guinea se dice que: “El conocimiento sólo es un rumor, hasta que está en el músculo”.
En la práctica de la PNL es especialmente importante saber cómo entra el lenguaje en el cuerpo, cómo toca el cuerpo y cómo despierta lo experiencial-simbólico en el cuerpo.
Nuestros objetivos, nuestros recursos, nuestros potenciales son sólo rumores hasta que son llevados al músculo, a la respiración, al cuerpo, entonces y sólo entonces, se convierten en ideas vivas que pueden transformar nuestras vidas.
Por esta razón la metáfora, esa “otra cosa”, es vital en PNL.
Mediante el lenguaje metafórico expresamos desde nuestro cuerpo, qué sentimos y cómo nos sentimos. Es un lenguaje que procede desde lo más hondo y llega hasta lo más profundo.

Cuando se producen emociones que nunca antes hemos sentido el cerebro no encuentra las palabras apropiadas y recurrimos al “es como si…” como si fuera una luz, una energía grande o potente, un campo de flores etc.
El inconsciente entiende de sueños, imágenes, historias y cuentos. Sabe de metáforas, aprecia las relaciones, capta el mensaje y empieza a movilizar los recursos necesarios para realizar los cambios oportunos.
Cuando se trabaja en el nivel lógico de Identidad, es decir, sobre el conjunto de roles que desempeñamos en nuestra vida y con los cuales más o menos nos identificamos, la metáfora es la forma óptima para representarnos a nosotros mismos.
¿Cómo te ves tú?
¿Cuál sería la metáfora de ti mismo?
La metáfora quizás sea una de las potencialidades más fructíferas del ser humano. Su eficacia raya en lo mágico, y parece una herramienta para la creación que Dios olvidó dentro de una de sus criaturas cuando la creó.
Ortega y Gasset
Imagen: Igor Morski
Mamen Lucas
Ona Daurada
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