La luna-alma

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La diferencia entre el alma y el Espíritu es la siguiente: El Espíritu es siempre existente, siempre consciente y eternamente renovado Gozo omnipresente; el alma es el reflejo individualizado del siempre existente, siempre consciente y eternamente renovado Gozo, que se halla confi­nado en el cuerpo de todos y cada uno de los seres.

Las almas son rayos que emanan del Espíritu y se individualizan como «átomos» y «tejidos» del Espíritu, que carecen de vibración y de forma. Por consiguiente, coexisten con el Espíritu y poseen su misma esencia, del mismo modo en que el sol y sus rayos son una sola cosa.

La gente mundana no sabe qué es el alma, ni cómo se introduce en el cuerpo físico, ni hacia dónde se dirige, después de una corta estadía en él. Millones y millones de personas han venido misteriosamente a la tierra y han partido de la misma misteriosa manera. Por esa razón, los seres humanos en general no pueden menos que preguntarse si el alma sufre la extinción cuando el cuerpo se destruye.

 

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La siguiente analogía ilustra la naturaleza del alma y su inmortali­dad

(No existen analogías perfectas para expresar las verdades absolu­tas, pero ayudan a la mente a concebir conceptos abstractos).

La luna se refleja en una copa que contiene agua; cuando la copa se rompe y el agua se derrama, ¿adonde se dirige el reflejo de la luna?

Puede decirse que ha retornado a su inseparable identidad con la luna misma. Si bajo la luna se coloca una nueva copa de agua, ¡se «reencarna» otro reflejo de la luna!

De modo similar, el alma se refleja en la copa del cuerpo, colmada del agua de la mente. Dentro de esa copa vemos la luna-alma, como reflejo de la omnipresente luna del Espíritu, circunscrita por las limitaciones corporales.

Cuando se destruye la copa del cuerpo, el reflejo del alma puede desaparecer por un tiempo en el Espíritu; sin embargo, al usar el poder de libre albedrío que le es concedido por ser una imagen del Espíritu, crea deseos y karma mientras permanece en la tierra, y éstos le hacen que opte por reflejarse de nuevo como la luna-alma en copa corporal.

Así pues, aunque los cuerpos del ser humano son  mortales y cambiantes, el alma que mora en su interior es inmortal.

Cuando se destruye la pequeña copa que encierra el reflejo de la luna, éste se  convierte en la única luna, cuyos rayos se difunden por el cielo entero. De igual modo, cuando el alma se libera totalmente de los esclavizantes deseos, se vuelve omnipresente como el Espíritu mismo.

Fuente: Paramahansa Yogananda

Mamen Lucas

Ona Daurada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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