Conciencia

Conciencia from Ona Daurada on Vimeo.

La conciencia ya es consciente. Es lo no manifestado, lo eterno.

El universo, en cambio, solo se va volviendo consciente poco a poco. La conciencia en sí misma es intemporal y por lo tanto no evoluciona. No nació y nunca morirá. Cuando la conciencia se convierte en el universo manifestado, parece estar sometida al tiempo y experimentar un proceso evolutivo.

Ninguna mente hu­mana es capaz de comprender plenamente la razón de este pro­ceso. Pero podemos vislumbrarlo dentro de nosotros mismos y convertirnos en participantes conscientes en ello.

La conciencia es la inteligencia, el principio organizador que hay detrás de la aparición de la forma. La conciencia ha estado preparando formas durante millones de años para poder expre­sarse por medio de ellas en lo manifestado.

Aunque se podría considerar que el reino no manifestado de la conciencia pura es otra dimensión, no está separada de esta di­mensión de la forma. La forma y lo sin forma se interpenetran.

Lo no manifestado fluye en esta dimensión como conciencia, espa­cio interior, Presencia.

¿Cómo lo hace? Mediante la forma hu­mana que se hace consciente y de ese modo cumple su destino. La forma humana fue creada para este propósito superior, y mi­llones de otras formas le prepararon el terreno.

La conciencia se encarna en la dimensión manifestada, es de­cir, se hace forma. Cuando lo hace, entra en un estado como de sueño. La inteligencia permanece, pero la conciencia se vuelve inconsciente de sí misma. Se pierde en la forma, se identifica con las formas.

Esto se podría describir como el descenso de lo divi­no a la materia. En esa fase de la evolución del universo, todo el movimiento hacia afuera tiene lugar en ese estado como de sue­ño.

Los despertares momentáneos llegan solo en el momento de la disolución de una forma individual, es decir, en la muerte. Y entonces comienza la siguiente encarnación, la siguiente iden­tificación con la forma, el siguiente sueño individual que forma parte del sueño colectivo.

Cuando el león desgarra el cuerpo de la cebra, la conciencia que se encarnó en la forma de la cebra se separa de la forma que se disuelve y, durante un breve momento, es consciente de su naturaleza inmortal esencial de conciencia. E inmediatamente vuelve a caer en el sueño y se reencarna en otra forma.

Cuando el león se hace viejo y ya no puede cazar, con su último aliento llega de nuevo una brevísima vislumbre de des­pertar, seguida por otro sueño de la forma.

En nuestro planeta, el ego humano representa la fase final del sueño universal, la identificación de la conciencia con la forma.

Fue un paso necesario en la evolución de la conciencia.

El cerebro humano es una forma sumamente diferenciada, a través de la cual entra la conciencia en esta dimensión. Contiene aproximadamente cien mil millones de células nerviosas (llama­das neuronas), aproximadamente el mismo número de estrellas que hay en nuestra galaxia, que se podría considerar un cerebro microcósmico. El cerebro no crea conciencia: al contrario, la conciencia creó el cerebro, la forma física más compleja de la tie­rra, para expresarse. Cuando el cerebro sufre daños, eso no sig­nifica que se pierda conciencia. Significa que la conciencia ya no puede utilizar esa forma para entrar en esta dimensión. No se puede perder conciencia porque, en esencia, eso es lo que somos.

Sólo se puede perder algo que se tiene, pero no se puede perder lo que se es.

Eckhart Tolle

Imagen: Rona Keller

 

 

 

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