De todas las experiencias se aprende

En contacto con mi hija de dos años asisto muchas veces a momentos cruciales en su crecimiento.

Por su gesto y por otros signos que me envía su cuerpo, noto a veces que es…

La primera vez en su vida que ve un objeto determinado…

La primera vez que conoce a alguien…

La primera vez que entra en contacto con una experiencia…

Recuerdo la primera vez que vio una bañera con agua caliente, o que conoció la luz eléctrica.

Recuerdo una ocasión en que le dimos unos pequeños recipientes de colores y de distintos tamaños. Recuerdo cómo se dedicó, absorta, a llenarlos y vaciarlos de agua una y otra vez, interminablemente, concentrada por completo.

También recuerdo la primera vez que vio un payaso… que acudió al teatro y la excitación que pasó con esas experiencias.

Cuando la conocí en China llevaba una vida muy sencilla: vivía en el campo, andaba desnuda la mayor parte del tiempo, su alimentación era poco elaborada, repetitiva y escasa. Estaba en estrecho contacto con el sol, el agua, la luna, la tierra, los árboles…

Los primeros días de nuestro encuentro transcurrían en un hotel de su pequeña ciudad: Nanchang.

En aquellos días tenía miedo…

…de los muñecos de todo tipo y tamaño

…del secador eléctrico de pelo

…de la voz que salía del teléfono

…de las máquinas que hacían ruido o se movían

…de la televisión y sus cambios de voz

Cuando tiene miedo está muy atenta a lo que teme, abre bien los ojos y mira con todo el cuerpo, orienta su postura como si fuera una prolongación de sus ojos: la cara, las manos, el tronco, las piernas están situadas de modo que ayudan a observar el mundo que le rodea.

Y así, se acerca a las cosas que teme, cada día un poco más. Ella va tiran­do del hilo de su temor para calcular la distancia de su acercamiento: a los muñecos, al teléfono… a todo lo que teme y, sobre todo, con la misma inten­sidad que lo teme, lo explora, lo conoce, me mira y se tranquiliza.

Su temor la conduce a la felicidad cuando deja de pensar y actúa. Hace lo necesario para estar plena, está en equilibrio con el mundo exterior y su interior.

todo eso me hace pensar que las malas experiencias orientan el aprendizaje:

…sufrir una separación amorosa puede ayudar que la persona exprese sus sentimientos más íntimos.

…el temor de atreverse con nuevos trabajos o proyectos te hace atender a tus propias capacidades escondidas.

…una depresión puede señalar el punto final de una etapa de emociones forzadas y falsas, de sistemas de puesta en escena antinaturales para ti.

…la ansiedad que sientes puede indicarte el camino a la satisfacción.

El vacío orienta la búsqueda.

El exterior y tu interior están relacionados, no se puede mantener el equi­librio corporal sobre una pierna cerrando los ojos.

El problema te conduce al equilibrio que necesitas…

Ahora mismo puedes dejar que tu inconsciente haga los cambios necesa­rios para convertir los problemas en exploraciones de futuras soluciones, de próximos caminos…

deja que tu mente te traiga esos senderos y evoquen en ti una sensación muy agradable…

cuando todo esté en orden y a tu satisfacción vuelve a orientar tu aten­ción al espacio en el que estamos en este momento.

Bernardo Ortín

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