Deja en paz al otro

 

Cuentan que cuando Dios entregó las Tablas de la Ley a Moisés, en realidad eran tres, cada una con cinco mandamientos, pero en el ajetreo de la entrega una de ellas se rompió, de tal forma que sólo uno de ellos se pudo leer, los otros cuatro no sabemos que decían, pero este undécimo mandamiento es: “Deja en paz al otro”.

Es increíble lo rápido y listos que somos cuando se trata de la vida de los demás. Sabemos perfectamente qué y cómo deben hacer para solucionar sus problemas. Y lo peor es que no nos paramos ahí sino que lo decimos, lo explicamos e insistimos hasta la saciedad en lo que tiene qué hacer o dejar de hacer.

No somos capaces de resolver nuestra vida y tenemos todas las claves y conocimientos para arreglar la de los demás.

“Tu lo que tienes que hacer…”

“Yo pasé por lo mismo y lo solucioné…”

Así podríamos poner infinidad de frases pues realmente son las que repetimos más a lo largo de nuestra vida.

 

 

Todos nos creemos maestros

En esta época tan llena de terapias, cursos y ejercicios de sanación, desarrollo personal y crecimiento espiritual o de conciencia, todos nos hemos convertidos en gurús, psicólogos o mejor aún en algo más actual: Coachs.

Y como resulta que ya de por sí tendemos a saber más que los otros, ahora hacemos cursos o formaciones y creemos que tenemos bula para dejar bien claro a amigos y conocidos cual es su problema, cómo solucionarlo y algo muy curioso, informarles que están en esa situación o tienen tal problema porque quieren, porque no ha tomado conciencia.

¡Deja al otro en paz!

Resuelve tu vida, vive tú con conciencia, date cuenta de lo que te pasa y por qué. Todo esto ya es una enorme tarea, tenemos trabajo y ocupación suficiente para llenar nuestra vida.

Deja al otro que la viva cómo quiera, lo que menos necesita es que le expliques tus batallitas y lo bombardees con consejos que no le sirven para nada o para muy poco.

 

 

Si quieres cambiar el mundo empieza por cambiar tú

Llevamos dentro una tendencia innata a querer cambiar el mundo, aunque la mayoría de las veces lo que pretendemos es que todos vean el mundo como lo vemos nosotros.

Grandes hombres y mujeres dedican o dedicaron sus vidas a realizar cambios en el mundo pero esto sólo funciona cuando ellos han cambiado primero.

El intelecto humano ha avanzado mucho, nuestra forma de pensar y razonar sobre las cosas se ha transformado. La humanidad, como todo, está en continua evolución.

Uno de estos cambios es el convencimiento de que no se trata de cambiar sino de transformar. Todo es tal como es, pero todo puede transformarse, manteniendo su esencia, en algo más elevado, más evolucionado.

No se trata de pasar de los demás, de no ayudar o contribuir al bienestar de los otros, se trata de tomar conciencia de que para acompañar a otro, para aportar la parte que te corresponde en esta vida a la evolución de la humanidad y del planeta, primero debes empezar por ti mismo. Si tú no estás bien, difícilmente podrás aportar bien a otras personas.

Aquellas personas a las que valoramos, a las que admiramos, a las que debemos avances en ciencia, en igualdad social, en derechos humanos o en defensa de cualquier ser vivo, siempre lo han hecho desde la humildad, desde el amor y desde el conocimiento, todo ello fruto del aprendizaje constante y continuado de sí mismo.

Nada evolucionará si tú no evolucionas,

depende de ti, sólo de ti, tú decides y tú eliges.

Mamen Lucas

Ona Daurada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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