El encuentro

El encuentro from Ona Daurada on Vimeo.

Regresó al pueblo, un día de calor, el trayecto en tren se le iba haciendo pesa­do, largo, como si la distancia que le separaba se fuera haciendo más grande conforme avanzaba.

Tenía el cuerpo estremecido, sentía calor a la vez que frío, estaba ansioso por volver y temeroso por llegar al pueblo del que había partido hacía ya 40 años, huyendo de lo cotidiano, de los días eternos, de la misma gente, de un futuro igual al de sus padres y abuelos.

Al bajar del tren, sintió un enorme cosquilleo por la piel, cogió su equipaje y paseó por las calles, observando cada detalle, le embargó el olor, el olor fres­co, después de haber regado las aceras, mezclado con las flores que colgaban de los balcones, ese olor que hace que respires profundo llenando los pulmones, esperando que te renueve.

Pasó por el lavadero, donde un par de mujeres lavaban la ropa aquello le recordó a su madre lavando allí mientras él correteaba alejándose de ella pero sin perderle la mirada.

Cada cosa que observaba le transportaba a algún momento de su infancia y de su adolescencia, de los inicios de su juventud, cuando se bañaba en el río, cuando dio su primer beso, cuando jugaba en el parque…

Al fin, llegó a su casa, ya nadie la habitaba, seguía intacta a sus ojos, abrió la puerta y dos lágrimas corrieron por sus mejillas, estaba envuelta en polvo, cerra­da, oscura pero sus recuerdos hicieron que cobrara vida por instantes.

Sucesivamente se agolpaban imágenes en su cabeza, su padre sentado en el sillón leyendo el periódico, su madre tejiendo un jersey para el invierno, los domingos vistiéndose apresurados para salir a dar un paseo, todo aquello le lle­naba de nostalgia.

Desembaló su equipaje, el de dentro y el de fuera, todas las piezas encajaban a la perfección unas con otras, las más grandes, las que más se ven con las más pequeñas, las que hay que buscar bien porque apenas podemos distinguirlas.

En aquel instante se dio cuenta de que allí se encontraba lo que anduvo toda su vida bus­cando, lo más preciado, quizá aquello mismo también por lo que salió huyendo.

Marisa Navarro

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