Hubo un tiempo en que… Reflexión de la vida

Hubo un tiempo en que…, Reflexión de una vida from Ona Daurada on Vimeo.

Hubo un momento en el que naciste, percibiste el mundo, dormías profun­damente muchas horas al día, sentías el abrazo de tu madre, de tu padre, oías voces a tu alrededor, recibías sonrisas, caricias…

Hubo un tiempo en el que llorabas cuando tenías la más mínima necesi­dad, era un llanto fuerte, liberador, sin pena, satisfactorio, como el de algu­nos sueños de la vida adulta, también reías con fuerza, con alegría…

Tantas y tantas veces te sentías muy bien, con la sensación de satisfacción plena…

Fue un tiempo en el que notabas la insatisfacción inmediatamente y potentemente, también la satisfacción…

Hubo un momento en el que comenzaste a explorar tu alrededor quizá a gatas, enseguida comenzaste a caminar…

Hubo un tiempo en el que te sentías muy bien explorando todas estas cosas…

Un tiempo en el que, a menudo, sentías un placer que ahora te es fami­liar, en alguna parte de tu conciencia.

Hubo un momento en el que sentiste mucha curiosidad por algo, te fasci­naba llenar y vaciar recipientes de agua, cubos de arena, sacar y guardar obje­tos, pinzas de tender la ropa, botones, herramientas, objetos, casi no podías dejar de jugar con esas cosas, te enfrascabas a fondo…

Hubo un momento en el que sentías mucha curiosidad por las cosas de tus padres, los cajones de su armario, su mesita de noche, te llamaba la atención su forma de ordenar las cosas, el olor del interior de los armarios, la cómoda, la casa de tus padres…

Hubo un momento en el que te atrajo como un fuerte imán algún lugar de la casa, el despacho de tu padre, su taller, la leonera llena de trastos, la andana, el desván, la cocina al atardecer sin actividad, el sitio donde tu madre descansaba…

Hubo un tiempo en el que aprendiste las primeras letras, conociste los colores, las pinturas y aprendías tantas cosas…

…Y tantas veces y en tantas ocasiones tenías tantas maneras de apreciarte a ti misma/o…

Hubo un momento en el que conociste tus primeros amigos, estabas con ellos, muy juntos, sentiste la complicidad, la lealtad, la sensación de confi­dencia.

En esta época hubo muchos momentos en los que te mostraste inteligen­te, ocurrente, en los que dejaste ver tu lucidez, tu apoyo y afecto por los demás. Hubo momentos en los que notaste que te valoraban.

Hubo un tiempo en el que comenzaste a estudiar, empezaste a trabajar… sentiste la excitación de hacer cosas nuevas, sentiste que dirigías tu propia vida.

Hubo un momento en el que notaste que tu vida marchaba hacia delante.

Hubo una época en la que descubriste que las cosas se te daban bien, que podías fiarte de tu intuición, que tu pensamiento era certero, que eras capaz de solucionar muchas cosas…

.. .Y tantas veces y en tantas ocasiones tenías tantas maneras de apreciarte a ti misma/o…

Hubo un tiempo en el que se enamoraron de ti y tú sentiste esa inmensa emoción… Experimentaste cómo era ser el centro de la vida de otra persona. Fueron momentos en los que notabas que tus movimientos, tus palabras, tus silencios provocaban un gran impacto en el otro y tú te sentías mirada/o, que­rida/o…

Fue un momento en el que te decían cosas fantásticas sobre ti, cosas que ni tú misma/o sabías, o quizá intuías.

Hubo un momento en el que te marchaste de la casa de tus padres… A vivir de otro modo, a dirigir tus cosas, a orientar tu propia vida.

Hubo un momento de grandes planes para tu vida, de emoción intensa al pensar en cómo ibas a organizarte.

.. .Y tantas veces y en tantas ocasiones tenías tantas maneras de apreciarte a ti mismo/a…

Hubo un tiempo en el que notaste cómo confiaban en ti, cómo aprecia­ban tu modo de ser, de hacer cosas, de enfrentarte a problemas.

En algún momento descubriste que eras capaz de pasártelo muy bien, de disfrutar la vida, de sentir satisfacción… en tantos y tantos momentos, con­textos, escenarios de la vida, con tantas personas queridas…

… Y has tenido muchos momentos para experimentar que eres una gran persona, porque te lo han dicho, porque tú lo sabes, porque lo notas en cómo te miran, cómo se dirigen a ti.

Y con esa sensación de aprecio a ti misma/o, deja que tu pensamiento se reorganice, deja que note todos esos episodios de tu vida y cuando tú quieras reorienta tu atención aquí y ahora trayendo contigo ese sentido de aprecio al valor de ti misma/o.

Bernardo Ortín

 

 

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