¿Quién soy yo?

 

Cuando alguien nos pregunta “¿quién eres?” y procedemos a darle una respuesta más o menos razonable, sincera y detallada, ¿qué es lo que en realidad hacemos? En cierto sentido, estamos describiendo nuestro ser, como hemos llegado a conocerlo, incluyendo en nuestra descripción la mayoría de los hechos importantes, buenos y malos, dignos e indignos, científicos y poéticos, filosóficos y religiosos, que tenemos por fundamentales en lo que se refiere a nuestra identidad.

Sin embargo, hay un proceso aún más básico que subyace en todo el procedimiento para establecer una identidad. Cuando uno responde a la pregunta “¿Quién soy?”, sucede algo muy simple.

Cuando describe o explica quién es, incluso cuando se limita a percibirlo interiormente, lo que en realidad está haciendo, a sabiendas o no, es trazar una línea o límite mental que atraviesa en su totalidad el campo de la experiencia y a todo lo que queda dentro de este límite, lo percibe como “yo mismo”, o lo llama así, mientras siente que todo lo que está fuera del límite queda excluido del “yo mismo”. En otras palabras, nuestra identidad depende totalmente del lugar por donde tracemos la línea limítrofe.

De modo que al decir “yo” trazamos una demarcación entre lo que somos y lo que no somos. Cuando uno responde a la pregunta “¿Quién eres?”, se limita a describir lo que hay en la parte acotada de esta línea. Lo que solemos llamar crisis de identidad se produce cuando uno no puede decidir cómo ni dónde trazar la línea. En otras palabras:

Preguntar: “¿Quién eres?,

 significa preguntar : ”¿Dónde trazas la frontera?”

Fuentes: Ken Wilber

Imagen:  Aruna Rutkus

Núria Batlle

Ona Daurada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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