Sonidos del bosque – Cuento para reflexionar

Sonidos del bosque from Ona Daurada on Vimeo.

Era una vez un Rey que envió su hijo a estudiar con un gran Maestro, con el fin de prepararlo para ser su sucesor al trono y ser un gran líder.

Cuando el Príncipe llegó a la casa del gran Maestro, se encontró que no tenía nada de grandioso. Era una casita modesta, ni pobre ni lujosa. Era pequeña, cálida, cómoda para la vida del mismo; en medio de eucaliptus y con la vista al mar.

El Maestro transmitía una calma y una serenidad, que realmente dejaba transparentar una luz en sus ojos, por haber caminado los muchos senderos de la vida y del mundo.

Cuando tomó conocimiento de las intenciones del Rey, envió al Príncipe al bosque. Él debería regresar después de un año y descubrir todos los sonidos que él consiguiese escuchar en este periodo.

Pasado un año, el Príncipe regresó y, delante de Maestro dijo:

  • Maestro, escuché el canto de los pájaros, el movimiento de las hojas, el movimiento de las alas de las abejas y el sonido del viento en el cielo.

Cuando el Príncipe terminó su relato, el Maestro le pidió que regresase nuevamente el bosque, para escuchar más sonidos. Él aún no había escuchado lo más importante.

Intrigado, el Príncipe obedeció, pensando: “no entiendo,… pensé que había ya escuchado todo…”

El Príncipe pasó días y noches solo… en el bosque… escuchando, escuchando, escuchando… pero no consiguió distinguir nada de nuevo, fuera de lo que había ya escuchado el año anterior.

Una mañana, en la sintonía especial de la naturaleza, comenzó a escuchar nuevos sonidos, diferentes de todos los ya escuchados. Cuanto más atención daba a los sonidos, nuevos el descubría.

“Estos deben ser los sonidos que el Maestro quería que escuchase”, pensó el Príncipe. Así que regresó a la casa donde vivía el Maestro, quién le preguntó de nuevo lo que había escuchado.

  • Maestro, escuché lo inaudible, los sonidos de las flores, el sonido del sol calentando la tierra y la hierba del pasto bebiendo el rocío de la noche.

El Maestro, escuchó atentamente todos los nuevos sonidos que le Príncipe consiguió escuchar y respondió:

  • Escuchar lo inaudible, es tener la calma precisa para transformarse en un gran líder.

Solamente cuando conseguimos escuchar el corazón de las personas, sus sentimientos mudos, sus miedos no confesados y sus quejas silenciosas, comenzamos a comunicarnos con el otro. Lo que el otro me dice sin decir, lo que las personas procuran comunicarme, más no encuentran palabras que las ayuden.

Una buena comunicación tiene que ver, con la posibilidad de poder escuchar más de lo que hablan y comprender; al final de cuentas, no es necesario apagar la luz del otro para hacer brillar la nuestra.

Texto: Nomís Simón

Imagen: : Vu Cong Dien

 

 

 

 

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