¿Tienes rabia?… ¡Vívela!

 

Estás rabioso, bien…, vale…, vívelo. Pero vívelo de manera completamente consciente. Míralo, acéptalo, permite que salga. No juzgue, prueba a hablar con las imágenes que te vienen a la cabeza, pregúntale que te quieren decir. Hazte amigo de tu rabia, de tu miedo, son parte de ti, son energía vital.

La rabia no debe ahogar tu conciencia. Sí estás consciente de tu propia rabia, está se irá disolviendo poco a poco. Lo mismo vale para el odio o la codicia o cualquier otra emoción que te perturbe.

Si estás triste acepta tu tristeza y no re revuelques en ella, no la conviertas en nada especial, mírala y continua con tu vida. Ocurre igual con el miedo, quizás no sabes de donde proviene o donde se oculta. Dí, sí, tengo miedo, e incorpóralo en lo que estés haciendo y deja que se hunda en eso que haces.

 

 

¿Qué nos dice el Zen?

El Zen enseña que, si el monje nota una sensación agradable debe estar consciente de ella y se dice: “estoy teniendo una sensación agradable”. Si la sensación es dolorosa el monje sabe: “estoy teniendo una sensación dolorosa”. Si se le presenta un sentimiento agradable de carácter mundano, sabe: “estoy teniendo un sentimiento agradable de carácter mundano”.

Y así permanece practicando la contemplación de los sentimientos, tanto los interiores como los exteriores. Contempla las condiciones originales de sus sentimientos, de esta forma la conciencia de sus sentimientos se va desarrollando en forma correcta.

Permanece sin apegos, no se agarra a nada del mundo. Pero esto no quiere decir que no pueda exteriorizar sus emociones. Los demás también pueden y deben notar su estado de ánimo momentáneo.

 

 

Transformar las emociones

La transformación de las emociones consiste en crear una distancia interior hacia ellas.

Sólo si somos conscientes y vivimos nuestras emociones estas se irán disolviendo lentamente.

Hay que aprender a mirarlas cara a cara, de forma muy despierta. Entonces uno queda libre y se da cuenta de que todas las emociones son solamente procesos que pasan como nubes por encima de nuestra psique.

Hay una gran diferencia entre reaccionar mecánicamente frente a un estado de ánimo determinado o actuar como dueño de la situación.

No identificarnos con nuestros estados emocionales nos libera del egocentrismo y abre nuestra vida hacia nuestro ser autentico.  No se trata de rechazar o reprimir las emociones, se trata de aguantarlas hasta que hayan pasado. Cuanto menos nos identifiquemos con ellas, tanto menor será la fuerza que desarrolla.

 Las emociones son como las nubes de tormenta

 que atraviesan el cielo azul,

 quizás lo oscurezcan temporalmente

 pero luego desaparecen.

Fuente: Willigis Jäger

Imagen: Anette Schmucker

Mamen Lucas.

Ona Daurada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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