Aprendizaje: Estamos destinados a evolucionar

APRENDIZAJE: ESTAMOS DESTINADOS A EVOLUCIONAR

 

El cerebro aprende de dos maneras principalmente. La primera es a través de datos intelectuales y objetivos que llegamos a dominar y/o memorizamos. Por ejemplo: Estudiamos historia y memorizamos nombres y fechas, o leemos a Platón y sacamos conclusiones. Cada nombre, cada fecha y cada argumento lógico amplia las redes neuronales del cerebro. Cuanto más repasamos el material, más firmemente se fija en la memoria, porque se fortalecen las redes neuronales.

La segunda forma en que el cerebro aprende, una forma más eficaz en general, es a través de la experiencia. Podemos leer un libro sobre cómo montar una bicicleta y hacernos una idea de cómo se hace procesando intelectualmente información. Pero toda esta información no se unifica hasta que no nos montamos realmente en la bici y empezamos a pedalear.

Con independencia del tipo de método utilizado, el aprendizaje consiste en combinar esencialmente circuitos neuronales para formar otros nuevos.

Aprender de verdad es crear estructuras nuevas sobre la base de estructuras previas.

Examinar de nuevo ideas y creencias esenciales

cambia la vida.

Al examinarlas de nuevo, podemos repasar todas las relaciones y encontrar suposiciones sepultadas que nos provocan reacciones a través del proceso denominado “memoria asociativa”.

Memoria asociativa

Memoria asociativa 

Con más conexiones neuronales posibles que átomos hay en el universo, el cerebro tiene un gran problema: cómo encontrar un recuerdo. Las emociones le ayudan.

Las emociones, que son en sí mismas y en parte circuitos neuronales, están conectadas con todos los demás circuitos neuronales. Esas conexiones permiten que el cerebro encuentre en primer lugar los recuerdos más importantes. También aseguran que no se olvide rápidamente algo importante, como no meter la mano en el horno, por ejemplo.

La memoria asociativa afecta a nuestra conducta y nuestra reacción ante el mundo. Los circuitos neuronales de las emociones están relacionados con un pequeño órgano del cerebro, el hipotálamo. El hipotálamo toma las proteínas y las sintetiza convirtiéndolas en neuro péptidos o neurohormonas, que preparan el cuerpo para la acción.

Las emociones evalúan rápidamente la situación, de hecho sin que lo pensemos siquiera, y mandan a los mensajeros químicos para pelear o huir, para sonreír o fruncir el ceño.

El inconveniente de la memoria asociativa es que, como percibimos la realidad y tratamos las experiencias nuevas basándonos en nuestra base de datos mentales/neuronales almacenados del pasado, nos resulta difícil ver qué es lo que hay ahí fuera en ese momento.

Las redes neuronales se interrelacionan o se asocian,

para producir esa entidad que concebimos

como nuestra personalidad.

Todas las emociones, los recuerdos, los conceptos y las actitudes están codificadas neurológicamente y se interconectan dando como resultado lo que ha recibido diversas denominaciones: el ego, el ser inferior, lo humano, la personalidad,…

Afortunadamente el cerebro viene equipado con la neuroplasticidad.

Neuroplasticidad

Neuroplasticidad 

Al cerebro le gustan las sorpresas. Después de una sorpresa, la neuroplasticidad del cerebro se incrementa.

El cerebro tiene que acelerar inmediatamente para encontrar una forma de afrontar una situación nueva. Tienen que activarse conexiones para reunir todas las soluciones posibles y ayudarte a escoger entre ellas. Tienes que procesar la información rápidamente.

Es posible romper la interconexión de los circuitos neuronales del cerebro, cambiar de hábitos y ganar libertad. La clave está en la capacidad natural del cerebro para formar conexiones nuevas; en otras palabras para que las neuronas se conecten con otras neuronas.

Si antes se creía que en la adolescencia el cerebro ya estaba bien equipado para la vida, investigaciones más recientes han confirmado no sólo que el cerebro es muy plástico y maleable incluso en la ancianidad, sino también que crea células nuevas.

Tenemos un potencial enorme para cambiar el tipo de conductas y de fórmulas características en las que hemos caído. Y este potencial de cambio, en nuestro sistema nervioso y en toda nuestra fisiología es tremendo.

Existen numerosos estudios sobre los enormes beneficios mentales y para la salud que se obtiene cuando se consigue que el cerebro funcione de manera ordenada y metódica.

El funcionamiento cerebral coherente se produce cuando experimentamos la unidad en el interior, y se traduce en un aumento del cociente intelectual, en un incremento de la creatividad, en una mayor capacidad de aprendizaje, así como en la estabilidad psicológica, la madurez emocional, en tener reacciones más rápidas y en estar más despierto. Todo lo bueno del cerebro depende de que funcione ordenadamente.

Las redes neuronales se interrelacionan

Estamos destinados, planeados y concebidos para evolucionar en creatividad e inteligencia a lo largo de la vida; ahora bien, para lograrlo, tenemos que acceder a la capacidad innata del cerebro, y la herramienta o la llave para desarrollar el cerebro en términos holísticos es la experimentación de la realidad holística, denominada también experiencia espiritual.

Si miramos detalladamente la estructura del cerebro humano,

veremos que está diseñado específicamente y concebido cuidadosamente

para experimentar el campo unificado, para experimentar la unidad de la vida

(John Hagelin, físico)

Fuentes: William Arntz, Betsy Chasse y Mark Vicente

Imagen: Catherine Chaloux

Núria Batlle

Ona Daurada

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