Caminar escuchando

 

Caminar escuchando

 

Al igual que muchas mañanas salgo a caminar, hay tres o cuatro rutas que suelo hacer y generalmente decido sobre la marcha. Mis pasos me encaminan a una de mis preferidas pues incluye atravesar un parque.

Me gusta caminar ejercitando mis sentidos, un rato escucho, otro miro, otro huelo o toco. Poner toda la atención en mirar lo que te rodea como si nunca lo hubiera visto lo hago a menudo, sin embargo mantener mi atención en escuchar durante todo el paseo nunca se me había ocurrido. Hoy decido hacerlo así.

Al principio, sin duda, el sonido dominante es el motor de los coches, percibo que cada uno suena distinto y que va acompañado de otros propios de cada coche. Los autobuses son inconfundibles y por supuesto el ruido variado más penetrante de las motos.

Paso a poner mi atención en el roce de los neumáticos con el asfalto, compruebo que es más potente de lo que creía y casi diría que es el sonido dominante de la calle.

Escucho conversaciones, risas, voces de niños, el sonido característico de los carritos de la compra y algún que otro patinete y percibo cuán diferente son.

Mi cerebro analiza todo lo que oye, pero poco a poco llego a sólo poner nombre al elemento o ser que produce el sonido, de momento, es lo máximo que consigo. De pronto oigo pájaros, el piar de los pájaros. Primero como algo aislado luego me doy cuenta de que hay muchos pájaros que están sonando continuamente y que emiten sonidos distintos de distintas frecuencias.

Cuando entro en el parque, es maravilloso, oigo los pájaros, los ladridos de múltiples perros, todos diferentes, y las voces de niños y mayores que les acompañan. Ya casi todo mi ser es sólo sonidos y la sensación empieza a ser reconfortante y placentera.

Después del parque paso por una zona que está casi en silencio, sólo casi, pues de fondo de manera muy sutil suena una especie de murmullo, es el sonido de la ciudad.

Además percibo con sorpresa el ruido constante, que nunca se separa de mí, de mis pasos. Me doy cuenta que no he vivido ni un solo momento de silencio total porque en ese silencio la ciudad suena, es un sonido lejano en el que predomina el roce de los coches con el asfalto.

Ahora sí, sólo soy el sonido, somos la misma cosa y la sensación es espectacular.

Al llegar a casa, vuelvo en mí y compruebo que es como si hubiera caminado por un lugar nuevo y nunca pisado, es como si volviera de un hermoso viaje por otro mundo, mejor aún, por otra dimensión.

Prometo revivir la experiencia.

 

Caminar escuchando

 

Como en esta vida no existen las casualidades, al leer, más tarde, tropiezo con los siguientes párrafos del libro: “El líder  Zen” de Ginny Whitela, sobre cómo conectar con uno mismo.

Son muchas las maneras de practicar. Algunas funcionan mejor que otras,

y algunas funcionan para ciertas personas mejor que para otras.

Pero si me preguntas qué funciona mejor en general, tendría que decir, el sonido. Ya que el sonido es omnipresente, y nuestro sentido del oído está siempre disponible para enseñarnos. Para escuchar tu propia naturaleza invierte esa facultad utilizada  para escuchar incluso las palabras más sabias. Dale la vuelta a tu escucha, devuelve todos los sonidos a sus fuentes hasta que el escuchado y la escucha no tengan adonde ir.

 

Caminar escuchando

 

Para la mayoría de la gente, la energía del sonido es la más fácil con la que trabajar, porque muchas partes de nuestro cuerpo (además de los tím­panos) resuenan con las frecuencias del sonido. Al disolverse en la co­rriente del sonido, las fronteras y la tensión desaparecen. Si surge el pensamiento de, por ejemplo, «la bocina de un coche», cambiamos nuestra tendencia normal de pensar sobre el sonido y simplemente en­viamos el pensamiento, el sonido, la vibración de vuelta al vacío de donde vino. Descansando en aquello que no tiene a dónde ir, el hués­ped y el anfitrión unidos.

 

Caminar escuchando

 

Y continua más adelante.

De forma similar, deja que tus oídos escuchen todas las frecuencias y no te centres en ninguna. Entra totalmente en la corriente de sonido, como si estuvieras inmerso en un rayo de sol, dejando que la energía viaje a través de ti. Entra en esta corriente de sonido con una consciencia vacía y abierta. En vez de escoger ciertos sonidos y nombrarlos, siente todos los sonidos como una vibración sin nombre. No son requeridos ningún criterio sagaz, ningún juicio detallado.

VIDEO CAMINAR ESCUCHANDO

 

 

 

 Imagen: Gertrude Abercrombie

Mamen Lucas

Ona Daurada

 

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